Hacete cargo.
No de lo que te hicieron. No de lo que perdiste. No de lo que cambió sin que lo eligieras.
Hacete cargo de cómo te estás parando frente a eso.
Te dijo que no te ama más.
Tenés el corazón roto. No podés dejar de pensar en él. Pasaron meses y sigue ocupando tu cabeza.
No es lo mismo.
"Lo que hizo no tiene perdón."
Quizás no lo tenga. Pero ¿qué te está haciendo a vos sostener esa frase todos los días?
"Siempre me pasa lo mismo."
¿Siempre? ¿O hay algo en tu manera de elegir, esperar o interpretar que todavía no revisaste?
Hacerse cargo no es culparse. No es decir "todo es mi responsabilidad". No es justificar lo que otros hicieron.
No elegiste que te dejen. No elegiste que te mientan. No elegiste que algo termine.
Pero sí estás eligiendo —ahora mismo— cómo te narrás lo que pasó. Qué significado le das. Qué identidad construís a partir de eso.
Mientras el poder esté en lo que ocurrió, vos quedás atrapado.
Cuando el foco vuelve a tu posición, aparece movimiento.
No siempre podés cambiar la circunstancia. Pero siempre podés revisar la forma en que te estás ubicando frente a ella.
Eso es hacerse cargo.
No sé por qué pasó. No sé si había algo que aprender. No sé si era inevitable.
Pero sí sé que podés elegir cómo vivirlo.
Y ese movimiento —aunque sea mínimo— lo cambia todo.