Hay momentos que queremos que terminen.
Una situación incómoda.
Una necesidad que no se satisface.
Una etapa que no se acomoda.
Entonces nos ponemos en modo resistencia, esperando que la vida finalmente se ordene.
Mientras tanto, aguantamos.
Apretando los dientes, apretando los ojos y sosteniendo la respiración.
Nos decimos que cuando eso pase… recién ahí vamos a estar bien.
Muchas veces ese "mientras tanto" dura más de lo que imaginábamos.
Meses.
Años.
A veces etapas enteras de la vida.
Nadie nos enseñó cómo transitar esos momentos.
Nos enseñaron a resolver problemas.
Pero no a habitar los procesos.
Si miramos bien, la vida en realidad está llena de "mientras tanto".
De hecho, la vida es un mientras tanto.
Por eso, no todo tiene que resolverse para que podamos estar bien.
Podemos aprender a vivir esos momentos con más claridad, más conciencia y más liviandad.
Que el "mientras tanto" no te distraiga de tu esencia.
Porque tu esencia siempre está bien.